Por ELVIA ANDRADE BARAJAS - Crónica - CIUDAD DE MEXICO, ESTADOS UNIDOS MEXICANOS, México, 24 de junio de 2026.- El triunfo de México sobre República Checa (3 – 0) no solo se jugó en la cancha: se jugó en cada sala, en cada puesto de tacos, en cada esquina, hasta en Garibaldi, donde los mariachis cantaron a todo pulmón El Rey, seguido de fans futboleros que festejaron el histórico encuentro, en el que por primera vez la selección mexicana gana los tres partidos de la fase de grupos en un mundial. El partido, en el Estadio Ciudad de México antes Azteca, empezó con el corazón apretado y terminó con un país entero gritando como si la vida dependiera de ello. El primer tiempo fue un suplicio. Por doquier se escuchaban los “¡ay no, otra vez no!”; en los bares, los vasos chocaban con más fuerza que los jugadores; en la calle, los vendedores de banderas y trompetas miraban el cielo como pidiendo un milagro. Los abucheos en el estadio se mezclaban con los suspiros en las salas y los “¡échale ganas, cabrones!” que salían de las ventanas abiertas. Y entonces, como si alguien hubiera encendido un interruptor, México despertó.
El gol de Mateo Chávez no solo hizo temblar el estadio: hizo brincar a los vecinos que estaban viendo el partido desde la azotea, hizo que el señor de los elotes levantara los brazos con el cucharón en la mano, hizo que los niños en la calle dejaran de patear su balón desinflado para gritar “¡GOOOOOL!” como si fuera el primero de sus vidas.
En Garibaldi los mariachis dejaron de tocar para gritar Mexicoooooooooooooo ¡¡¡¡
El segundo, el de Quiñones, fue una explosión nacional.
Los vendedores ambulantes dejaron de cobrar, los meseros se abrazaron con desconocidos, los autos tocaron el claxon como si fuera una orquesta improvisada.
En los departamentos, la gente golpeaba las paredes para avisar a los vecinos que también estaban celebrando.
Cuando Memo Ochoa entró al minuto 78, México entero se puso de pie. No importaba si estaban en el estadio, en un bar, en un taxi, en un mercado o frente a una pantalla vieja con la señal medio caída.
Fue un homenaje colectivo. Un país entero diciendo “gracias” sin pronunciar la palabra.
El tercero, el de Fidalgo, fue el sello final.
El grito se escuchó en Reforma, en Ecatepec, en Tijuana, en Mérida, en cada rincón donde alguien se atrevió a creer.
Y mientras el país seguía celebrando cada gol como si fuera un milagro, llegó la noticia que encendió aún más la noche: histórico, México pasa a dieciseisavos de final.
El triunfo sobre Chequia no solo desató la fiesta en las calles, también abrió el camino en la fase final del Mundial.
La gente lo gritaba en los balcones, en los mercados, en los taxis, en los puestos de tacos: “¡Ya estamos en dieciseisavos!”.
Era un orgullo compartido, una alegría que corría de boca en boca como pólvora luminosa.
México avanzaba invicto, fuerte, vibrante, y el país entero lo celebraba como si cada corazón hubiera metido un gol.
Los vendedores de cerveza levantaron las latas como si fueran trofeos. Los niños corrieron a la calle con la playera verde.
Los fans de la Selección mexicana lanzaron hacia el Ángel sin pensarlo dos veces.
Y ahí, en ese monumento que ha visto de todo, la gente empezó a llegar con banderas, tambores, bocinas, trompetas, celulares grabando, lágrimas, risas, abrazos. La avenida se volvió un río verde.
Los vendedores de espuma, de luces, de banderitas, de churros, de lo que fuera, se mezclaron con la multitud como si también fueran parte del festejo, que en algunos momentos parecía fuera de control por peleas dispersas que fueron controladas por la policía capitalina.
México cerró la fase de grupos con paso perfecto.
México goleó. Hizo historia.
Fue inédito. Inesperado.
Esta noche, el Ángel de la Independencia recibe otra vez a miles de mexicanos felices por el triunfo.
Algunos aficionados comentaron que este había sido un excelente regalo de cumpleaños para la presidenta Claudia Sheinbaum, quien vio el partido desde Palacio Nacional, acompañada de su esposo Jesús María Tarriba, vestida con la playera negra de la Selección.
“¡Felicidades a nuestra Selección Nacional! Su entrega, esfuerzo y pasión nos llenan de orgullo. Gracias por darnos tantas alegrías y por representar con grandeza a México. ¡Vamos con todo!”
Sheinbaum dijo que el partido coincidió con su cumpleaños 64, el cual celebró con pozole en Palacio Nacional antes del encuentro. Un video donde grita y levanta los brazos tras el gol de Mateo Chávez, exclamando:
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