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31/8/ 2026 |
Los tiempos violentos
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El peor analfabeto
es el analfabeto político.
No oye, no habla,
ni participa en los acontecimientos políticos.
No sabe que el costo de la vida,
el precio del pan, del pescado, de la harina,
del alquiler, de los zapatos o las medicinas
dependen de las decisiones políticas.
Bertolt Brecht
Por Octaviano Lozano Tinoco
No es noticia que el mundo vive tiempos violentos, propios del inicio de las guerras que convulsionaron a la humanidad en el siglo pasado.
La propaganda basada en mentiras, la ideología de odio del fascismo y las guerras que impulsa la economía de los negocios ilícitos se abalanzan sobre los países para saquearlos y llenarlos de sangre.
En ese escenario, las redes sociales se han convertido en voces de los ultras que buscan radicalizar la violencia para mantenerse en el poder.
Las guerras en Irán y Ucrania, el genocidio en Gaza, las olas migratorias, el racismo en los países del norte y la violencia del gobierno de Estados Unidos marcan la coyuntura. Washington intenta imponer por la fuerza su voluntad para apoderarse de Groenlandia, Venezuela, Canadá y el Canal de Panamá, y rebautizar el Golfo de México y el Lago Ontario como Golfo de América y Lago de América.
Estamos a merced de los caprichos del presidente Donald Trump, sin saber qué intentará mañana. El peligro es real: tiene el botón rojo de las armas nucleares.
En ese marco, los comicios intermedios del 3 de noviembre en Estados Unidos son clave para intentar un viraje que permita contener a Trump.
Para el mandatario, el momento es delicado. Los republicanos intentarán defender su mayoría en la Cámara de Representantes y competir por el control del Senado, mientras pesan los intentos fallidos de alto al fuego en Oriente Medio, la política migratoria, la inflación y la polarización.
A menos de tres meses de la elección, las encuestas muestran un escenario adverso. La aprobación de Trump está claramente por debajo de los niveles del inicio de su segundo mandato. El malestar se concentra en la economía, el costo de vida y el conflicto con Irán.
Según Reuters/Ipsos del 17 de agosto, solo 33% aprueba su gestión y 64% la desaprueba. Es su nivel más bajo en este segundo período y empata con el mínimo de su primera presidencia, en diciembre de 2017. La brecha es de 31 puntos.
El contraste con enero de 2025 es notable, cuando tenía 47% de aprobación y 41% de desaprobación. La caída coincide con la guerra con Estados Unidos e Irán: ocho de cada diez estadounidenses creen que el conflicto será prolongado, percepción que alcanza a republicanos electorales.
El alza de la energía y la gasolina, por la afectación al mercado petrolero, refuerza esa preocupación.
YouGov para The Economist, del 18 de agosto, lo sitúa en 35% de aprobación contra 61% de desaprobación.
El promedio de RealClearPolitics al 20 de agosto lo coloca en 39,6% de aprobación y 57,2% de desaprobación. En enero de 2025 superaba el 50%. Silver Bulletin reporta 38,2% contra 57,9% y The New York Times, 37% contra 59%.
Trump conserva alto respaldo entre republicanos, pero pierde terreno entre demócratas e independientes, voto decisivo en distritos competitivos, incluso en estados que ganó en 2024.
El 17 de agosto afirmó que Irán no aceptaría el acuerdo necesario para terminar la guerra, el mismo día que venció el memorando de entendimiento de junio sin un pacto amplio.
El patrón es consistente: aprobación por debajo del 40% y desaprobación cercana al 60%. La aprobación no define por sí sola la elección, pero con estos números, Trump llega a noviembre con una base sólida y crecientes dificultades para ampliar su respaldo, lo que es un respiro al mundo.
Ok
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09/08/ 2026 |
Los miniTrumps
en América Latina
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“Los Estados Unidos parecen destinados por la Providencia para plagar la América de miserias a nombre de la libertad”
Simón Bolívar
Por Octaviano Lozano Tinoco
Con la toma de posesión de Abelardo de la Espriella como presidente de Colombia este 7 de agosto, América Latina suma un nuevo mandatario alineado con el neoconservadurismo impulsado por Washington.
Apoyado abiertamente por el presidente Donald Trump, el autodenominado “Tigre” —aunque en Colombia no hay tigres— derrotó por estrecho margen a Iván Cepeda, del Pacto Histórico, en una elección que el presidente saliente, Gustavo Petro, calificó de fraude, sin impedir el arribo de la ultraderecha.
La victoria de De la Espriella confirma la consolidación de la llamada “Doctrina Donroe”, un juego de palabras entre Donald y el presidente James Monroe que retoma la vieja consigna de 1823 de “América para los americanos”, ahora con un rostro más agresivo.
Bautizada así por el New York Post en enero, la Donroe es la política exterior de Trump para el hemisferio: reafirmar la hegemonía estadounidense, ampliar la presencia militar y frenar la influencia de China bajo el pretexto de combatir la migración ilegal y el narcotráfico.
El documento oficial de seguridad de la Casa Blanca lo dice sin matices: “Tras años de abandono, Estados Unidos reafirmará y aplicará la Doctrina Monroe para restaurar su preeminencia en el hemisferio”.
La llegada al poder de De la Espriella no es un caso aislado. Desde la investidura de Trump en enero de 2025, los conservadores han ganado siete elecciones presidenciales clave en la región, capitalizando el miedo al crimen, la crisis migratoria y el estancamiento económico.
En Perú, Keiko Fujimori —hija del exdictador Alberto Fujimori— asumió en julio tras imponerse por menos de 50.000 votos. Promete cuatro nuevas cárceles, incluida una megaprisión tipo CECOT de El Salvador, militarizar las fronteras y deportar a migrantes sin residencia.
En Argentina, Javier Milei, “El León”, recortó el gasto público, despidió empleados estatales y frenó la emisión monetaria. Redujo la inflación de 211% en 2023 a 32% en 2025, a costa de una caída en el nivel de vida de los argentinos.
En Ecuador, Daniel Noboa, reelecto en abril de 2025 con 56% de los votos, entregó a los militares el control de la seguridad y realiza operaciones conjuntas con Estados Unidos, aunque los homicidios no ceden y crecen las denuncias por ejecuciones extrajudiciales.
En Honduras, Nasry Asfura, del Partido Nacional —el mismo del exmandatario Juan Orlando Hernández, indultado por Trump por narcotráfico—, ganó por menos de un punto tras la amenaza de Washington de cortar la ayuda si no era electo. Su gobierno ya recibe deportados de terceros países.
En Chile, José Antonio Kast obtuvo 58% en diciembre. Su primera medida: ampliar una zanja en las fronteras con Perú y Bolivia para frenar la migración y el narcotráfico, y prometer expulsiones masivas de venezolanos y haitianos.
En Costa Rica, Laura Fernández, exministra de Rodrigo Chaves, ganó en febrero con 48% con una agenda de estado de excepción, detenciones sin orden judicial y una cárcel modelo Nayib Bukele, presidente de El Salvador. Su gobierno también acepta vuelos con deportados de Estados Unidos.
Son los mini-Trump: mano dura, megaprisiones, xenofobia y alineamiento total con Washington. Es el nuevo “Plan Cóndor” para América Latina, que que ahora participa directamente en los procesos electorales de los países de la región, con el apoyo a candidatos afines y en las elecciones internas.
El objetivo de fondo no es la seguridad, sino sostener la hegemonía imperial en declive. Estados Unidos busca saquear recursos y contener a China usando gobiernos títeres.
Frente a esa oleada neofascista, la única contención posible es la unidad de los pueblos latinoamericanos.
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