“Los Estados Unidos parecen destinados por la Providencia para plagar la América de miserias a nombre de la libertad”
Simón Bolívar
Por Octaviano Lozano Tinoco
Con la toma de posesión de Abelardo de la Espriella como presidente de Colombia este 7 de agosto, América Latina suma un nuevo mandatario alineado con el neoconservadurismo impulsado por Washington.
Apoyado abiertamente por el presidente Donald Trump, el autodenominado “Tigre” —aunque en Colombia no hay tigres— derrotó por estrecho margen a Iván Cepeda, del Pacto Histórico, en una elección que el presidente saliente, Gustavo Petro, calificó de fraude, sin impedir el arribo de la ultraderecha.
La victoria de De la Espriella confirma la consolidación de la llamada “Doctrina Donroe”, un juego de palabras entre Donald y el presidente James Monroe que retoma la vieja consigna de 1823 de “América para los americanos”, ahora con un rostro más agresivo.
Bautizada así por el New York Post en enero, la Donroe es la política exterior de Trump para el hemisferio: reafirmar la hegemonía estadounidense, ampliar la presencia militar y frenar la influencia de China bajo el pretexto de combatir la migración ilegal y el narcotráfico.
El documento oficial de seguridad de la Casa Blanca lo dice sin matices: “Tras años de abandono, Estados Unidos reafirmará y aplicará la Doctrina Monroe para restaurar su preeminencia en el hemisferio”.
La llegada al poder de De la Espriella no es un caso aislado. Desde la investidura de Trump en enero de 2025, los conservadores han ganado siete elecciones presidenciales clave en la región, capitalizando el miedo al crimen, la crisis migratoria y el estancamiento económico.
En Perú, Keiko Fujimori —hija del exdictador Alberto Fujimori— asumió en julio tras imponerse por menos de 50.000 votos. Promete cuatro nuevas cárceles, incluida una megaprisión tipo CECOT de El Salvador, militarizar las fronteras y deportar a migrantes sin residencia.
En Argentina, Javier Milei, “El León”, recortó el gasto público, despidió empleados estatales y frenó la emisión monetaria. Redujo la inflación de 211% en 2023 a 32% en 2025, a costa de una caída en el nivel de vida de los argentinos.
En Ecuador, Daniel Noboa, reelecto en abril de 2025 con 56% de los votos, entregó a los militares el control de la seguridad y realiza operaciones conjuntas con Estados Unidos, aunque los homicidios no ceden y crecen las denuncias por ejecuciones extrajudiciales.
En Honduras, Nasry Asfura, del Partido Nacional —el mismo del exmandatario Juan Orlando Hernández, indultado por Trump por narcotráfico—, ganó por menos de un punto tras la amenaza de Washington de cortar la ayuda si no era electo. Su gobierno ya recibe deportados de terceros países.
En Chile, José Antonio Kast obtuvo 58% en diciembre. Su primera medida: ampliar una zanja en las fronteras con Perú y Bolivia para frenar la migración y el narcotráfico, y prometer expulsiones masivas de venezolanos y haitianos.
En Costa Rica, Laura Fernández, exministra de Rodrigo Chaves, ganó en febrero con 48% con una agenda de estado de excepción, detenciones sin orden judicial y una cárcel modelo Nayib Bukele, presidente de El Salvador. Su gobierno también acepta vuelos con deportados de Estados Unidos.
Son los mini-Trump: mano dura, megaprisiones, xenofobia y alineamiento total con Washington. Es el nuevo “Plan Cóndor” para América Latina, que que ahora participa directamente en los procesos electorales de los países de la región, con el apoyo a candidatos afines y en las elecciones internas.
El objetivo de fondo no es la seguridad, sino sostener la hegemonía imperial en declive. Estados Unidos busca saquear recursos y contener a China usando gobiernos títeres.
Frente a esa oleada neofascista, la única contención posible es la unidad de los pueblos latinoamericanos.
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