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Octaviano Lozano Tinoco

 

 

 





























02/11/ 2026

 

El mundo necesita otra
bocanada de aire fresco.

Ser enemigo de Estados Unidos es peligroso, pero ser amigo es fatal”
Henry Kissinger


Por Octaviano Lozano Tinoco

Ante el avance de fuerzas de ultraderecha en varios países, impulsado por algoritmos, desinformación y polarización, con respaldo de sectores afines al trumpismo, el triunfo de Luiz Inácio Lula da Silva en la presidencia de Brasil, el domingo 25 de octubre, se percibe como una bocanada de aire fresco.


En la primera vuelta del 4 de octubre, el opositor Flávio Bolsonaro obtuvo el 47,03 % de los votos frente al 45,16 % de Lula (diferencia de unos 2,2 millones).


En la segunda vuelta, Lula remontó y alcanzó el 5179 % contra el 48,21 de Bolsonaro, con una ventaja de alrededor de 4,4 millones de votos, según el Tribunal Superior Electoral. El resultado detuvo, al menos temporalmente, una tendencia conservadora en América Latina y desafió los pronósticos sobre el final de la carrera política del veterano de 80 años.


En Israel, los comicios recientes no anticipan grandes cambios. Tanto el primer ministro Benjamín Netanyahu (Likud), objeto de una orden de detención de la Corte Penal Internacional por presuntos crímenes de guerra y de lesa humanidad en Gaza, como el opositor Gadi Eisenkot (partido Yashar) enfrentan un escenario de empate o bloqueo. Ninguno de los dos bloques alcanza con claridad los 61 escaños necesarios en la Knéset de 120.


Eisenkot ha propuesto un “gobierno de movilización sionista”, lo que limita las expectativas de un giro sustancial.


La otra posible bocanada de aire fresco podría llegar el 3 de noviembre, en las elecciones de medio término de Estados Unidos. Todos los 435 escaños de la Cámara de Representantes y 35 del Senado están en disputa, junto con 36 gobernaciones.


Aunque el nombre de Donald Trump no figura en las papeletas, el resultado se interpreta como un referéndum sobre su gestión.


Una derrota republicana en una o ambas cámaras limitaría su margen de maniobra legislativa, obligaría a negociaciones y podría moderar aspectos de la política exterior, sin alterar de inmediato su curso general.


Para muchos observadores, urge un Congreso más equilibrado que favorezca una diplomacia internacional menos unilateral y un orden multipolar.


El electorado estadounidense decidirá si prioriza preocupaciones domésticas inmediatas o una visión más amplia de estabilidad global.

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