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DUELO EN COLOMBIA POR ATAQUE TERRORISTA



BOGOTA, Colombia, 18 de enero de 2019.- Un atentado con coche bomba contra una academia policial en Bogotá dejó el jueves al menos 21 muertos, incluido el presunto atacante, y 68 heridos, en un acto de terrorismo que enluta a una Colombia que patina en sus esfuerzos por silenciar el conflicto armado más antiguo de América.

Las autoridades identificaron al hombre que conducía el vehículo como José Aldemar Rojas Rodríguez, aunque no han revelado pistas sobre el grupo que estaría detrás de la peor acción terrorista en la capital colombiana en los últimos 16 años.

De nacionalidad colombiana, Rojas Rodríguez ingresó "de manera violenta" en una camioneta gris Nissan Patrol cargada con 80 kilos de pentolita a la Escuela de Oficiales General Francisco de Paula Santander, en el sur de Bogotá, alrededor de las 9H30 locales (14H30 GMT), indicó la policía en un comunicado.

Este "demencial acto terrorista no quedará impune, los colombianos nunca nos hemos sometido al terrorismo, siempre lo hemos derrotado, esta no será la excepción", dijo el presidente Iván Duque en una declaración a la prensa junto con el fiscal general, Néstor Humberto Martínez.

Ni Duque ni Martínez vincularon a Rojas con alguno de los grupos armados que aún operan en Colombia, financiados por el narcotráfico, tras el pacto de paz con la otrora guerrilla FARC en 2016.

La explosión deja al menos 21 muertos y 68 heridos, 58 de los cuales fueron dados de alta, según la policía.

Las autoridades trabajan en la identificación de los cuerpos y temen que la cifra de víctimas aumente.

En el momento del estallido en el centro formativo había delegaciones policiales de Panamá y Ecuador. La cadete ecuatoriana Erika Chicó falleció y su compatriota Carolina Sanango quedó herida levemente. Dos uniformados panameños, de un grupo de 45 connacionales, resultaron lesionados aunque están "estables", según el mandatario de su país, Juan Carlos Varela.

Entretanto, el gobierno colombiano decretó tres días de duelo.

- Pocas pistas -

Las autoridades colombianas no han precisado el número exacto de uniformados muertos.

El vehículo, que de acuerdo con la fiscalía había pasado por una revisión en julio en 2018 en Arauca (frontera con Venezuela), detonó en el marco de una ceremonia de ascenso de oficiales y cadetes tras irrumpir de

"Escuché como si se hubiera caído el cielo en la cabeza. Fue una explosión muy grande. Cuando salí había una humareda grande", relató Rocío Vargas, una vecina del lugar.

Según versiones de policías, un perro antiexplosivos detectó la carga. Al verse descubierto, Rojas aceleró y atropelló a un agente. Tres uniformados fueron detrás del vehículo que explotó segundos después.

Se trata del peor acto de terror ocurrido en la capital colombiana desde febrero de 2003, cuando rebeldes del ahora partido FARC detonaron un coche bomba en el club El Nogal. Treinta y seis personas murieron y decenas más sufrieron heridas.

- Alerta en el país -

A raíz del ataque, el presidente Duque dijo en la noche en un mensaje a la nación que ordenó "fortalecer los controles sobre las fronteras y las entradas y salidas de las ciudades".

"Igualmente, he solicitado dar prioridad a todas las investigaciones (...) para identificar a los autores intelectuales de este atentado terrorista y a sus cómplices", señaló.

Duque, quien asumió el poder en agosto pasado, ha endurecido la política antidrogas tras heredar una cifra récord de cultivos ilegales y de producción de cocaína en 2017.

Al mismo tiempo ha fijado condiciones para reactivar los diálogos de paz con el Ejército de Liberación Nacional (ELN), última guerrilla reconocida en Colombia. Ningún grupo se ha atribuido de momento este ataque.

Además del ELN -que en el pasado ha reconocido ataques con explosivos contra la policía-, operan bandas del narcotráfico de origen paramilitar y disidencias de las FARC que luchan por control territorial en medio de una espiral de violencia selectiva contra líderes sociales que deja 438 muertos desde enero de 2016.

Hace un año la policía también fue blanco de un atentado con bomba dentro de una comisaría en la ciudad caribeña de Barranquilla. Seis uniformados murieron y 40 sufrieron heridas. Días después el ELN, cuya delegación de paz está en La Habana, se adjudicó la acción.

- Solidaridad internacional -

La víspera del ataque de este jueves un nuevo grupo de aspirantes a oficiales había ingresado a la escuela. Otros, como Jonathan Oviedo, retomaban clases.

"Mi hermano Jonathan, que es cadete, alcanzó a hablar con nosotros y nos dijo que estaba herido, luego pasó al teléfono un teniente y se cortó la comunicación", comentó Carol Oviedo.

Entretanto, Duque pidió la colaboración de los colombianos para "desarticular a la estructura criminal" que ejecutó el ataque, aunque se cuidó de mencionar a alguna organización en específico.

Desde la oficina de la ONU en Colombia hasta Estados Unidos, pasando por el gobierno de Venezuela -con el que Bogotá congeló relaciones- y la FARC condenaron el hecho y expresaron solidaridad.

Con unos ocho millones de habitantes, Bogotá había sido sacudida por esporádicas acciones de terror en 2017. En febrero de ese año, el ELN se atribuyó un atentado contra una patrulla policial que dejó un uniformado muerto y varios heridos de gravedad en el barrio La Macarena.

Ese mismo año, un atentado en un centro comercial dejó tres muertos y varios heridos. Las autoridades culparon del hecho al Movimiento Revolucionario del Pueblo (MRP), un grupúsculo de izquierda radical.

 

 

LA CRISIS DE LA VENEZUELA DE MADURO



CARACAS, Venezuela, 07 de enero de 2019.- Jairo está arruinado por la hiperinflación; José ve morir a sus pacientes por falta de medicinas; Manuela no puede legislar; Henry emigra ante la continuidad de Nicolás Maduro en el poder en Venezuela.

Todos están envueltos en la oscuridad de una crisis que se agudizó con Maduro, quien el jueves iniciará un segundo período de seis años, desconocido por la oposición y gran parte de la comunidad internacional.

- "Perdí siete kilos" -

Jairo Colmenares intenta hacer rendir un salario equivalente a solo siete dólares en un mercado donde venden productos de baja calidad. Le alcanzó para 12 huevos, medio kilo de papas y guayabas.

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AFP/Archivos / YURI CORTEZJairo Colmenares compra en un mercado de Caracas, el 29 de diciembre de 2018

En sus días libres como empleado del metro de Caracas se levanta tarde para ahorrarse una comida. "He bajado siete kilos", afirma este técnico azotado por una inflación que trepará este año a 10.000.000%, según el FMI.

Come principalmente frijoles o lentejas que distribuye el gobierno a precios subsidiados. "Una vez al mes quizá compremos pollo o carne", cuenta Jairo, de 33 años.

Tiene ingresos extra por trabajos informales, pero aun así la plata es insuficiente.

Sus hijos de 10 y 11 años emigraron a Colombia junto con su madre en 2017. "No les puedo enviar ni para un refresco", explica.

Para Jairo, que ha sufrido amenazas de despido por ser sindicalista, Maduro está lejos de ser "un presidente obrero", como se define por haber sido chófer de bus.

- Ni agua en los hospitales -

En el Hospital Pérez Carreño, el más grande de Caracas, familiares sostienen un envase con agua para limpiar el rostro ensangrentado de un joven baleado en la cabeza.

A la entrada del edificio de 11 pisos un hombre lleva largo rato tirado en una camilla en el suelo sin ser atendido. Un cadáver cubierto con sábanas está a pocos metros.


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AFP/Archivos / YURI CORTEZUn hombre tumbado en la entrada del área de emergencia del hospital Doctor Pérez Carreño, el 31 de diciembre de 2018 en Caracas

"Por falta de insumos o esperando turno quirúrgico todos los días mueren uno o dos pacientes", cuenta a la AFP José, médico residente de neurocirugía, de 27 años.

Anaqueles vacíos atestiguan la escasez de medicinas e insumos hospitalarios, estimada en 84% por agremiaciones. Su disponibilidad cayó por el desplome de la producción petrolera, de 3,8 millones de barriles diarios a 1,13 millones en la última década, lo que limita las importaciones.

"Cuando hay antibióticos no hay jeringas, cuando hay jeringas no hay antibióticos (...). Los planetas deben estar alineados para que durante una semana todo se mantenga", ironiza José.

El agua también escasea en 70% de los hospitales, según una ONG. "Es usual que no haya", añade el médico, que atiende consultas en una silla destartalada.

El gobierno atribuye las fallas a una "guerra económica" y a sanciones internacionales, cuyas pérdidas calcula en 20.000 millones de dólares en 2018.

- Diputados maniatados -

El Parlamento, único poder que controla la oposición, sostiene que cuando Maduro se juramente pasará a ser un "usurpador".

Sin embargo, el Legislativo está amarrado. Todas sus decisiones son nulas tras ser declarado en desacato por el Tribunal Supremo de Justicia y sus funciones fueron asumidas por la oficialista Asamblea Constituyente que rige como suprapoder.

"La dictadura nos maniató", asegura la diputada Delsa Solórzano.

A la impotencia por la pérdida de autoridad, los legisladores -acusados por Maduro de buscar derrocarlo e incluso asesinarlo- suman las penurias de vivir sin sueldo desde 2016.

La parlamentaria Manuela Bolívar se sostiene con remesas y productos que le envían su esposo y familiares que emigraron. "No he visto ni un solo centavo de salario. Buscan quebrarnos", se lamenta la legisladora de 35 años.

Diputados de provincia cuentan que viajan hasta 14 horas en bus para asistir a los debates, pues no pueden costearse pasajes aéreos, y que pasan el día con una comida.

A Bolívar las tensiones políticas también le invadieron los afectos. Hija del exgobernador chavista Didalco Bolívar, admite que la relación con su padre es distante.

- "Ya pasamos lo peor" -

Los ancianos padres de Henry Peña lloran desconsolados al despedirlo en un terminal de buses de Caracas. El mecánico de 45 años volvió de Perú para llevarse a sus gemelas y dos nietos de dos y cuatro años.

La familia se suma a los 2,3 millones de venezolanos que han migrado desde 2015. La ONU prevé que la cifra suba a 5,3 millones en 2019 ante el colapso de una economía que se redujo a la mitad en cinco años.

Henry vendió su camioneta, su moto y un televisor para comprar los boletos. Llevan pan y jugos para el largo trayecto.

Tras 14 horas dejan Venezuela. "¡Ya pasamos lo peor!", exclama una de las hijas en un video grabado con celular. "Bienvenidos a Colombia", se lee en un aviso.

"Antes de que Maduro cierre la frontera o los países vayan a romper relaciones, tomamos la decisión de irnos", confiesa Henry.